Ambiente

ASPECTOS ECOLÓGICOS Y CLIMATICOS
El clima de la Costa del ecuador  está regulado por la circulación de grandes masas de aire causadas por la posición del anticiclón subtropical Alto del Pacífico Meridional, la corriente fría de Humboldt y la corriente cálida Ecuatorial. Así, el fuerte flujo de aire proveniente del sur a lo largo del borde occidental de América del Sur genera la corriente fría de Humboldt entre los meses de mayo-junio a diciembre, que corresponde a la estación seca. Sin embargo, cuando las masas de aire se debilitan durante los meses de enero a mayo hace su aparición procedente del Norte la corriente cálida ecuatorial, baña la costa del Ecuador y llega cerca a la  frontera del Perú trayendo las lluvias en esta región.

Este patrón se repite cada año; sin embargo, cada cierto tiempo este modelo se altera por el sobrecalentamiento de las aguas del Pacífico Sur debido a fluctuaciones anormales en la intensidad de la circulación atmosférica e hidrosférica general intertropical sobre la región Indo-Pacífica (llamados actualmente eventos ENSO), trayendo excesivas lluvias en el Pacífico Sur que está relacionada con el fenómeno El Niño. Actualmente sabemos que el evento El Niño es  un fenómeno global produciendo cambios en los regímenes meteorológicos, oceánicos y biológicos.

Dentro de este patrón climático se halla el Suroccidente del Ecuador particularmente la Península de Santa Elena y el Sur de Manabí, caracterizado por una corta estación lluviosa de enero a mayo y  una más larga  durante los otros meses del año. De estas regiones la Península de Santa Elena es la más influenciada por la corriente de Humboldt siendo la más seca con precipitaciones medias anuales menores a los 200  mm cerca a la línea costera y   se incrementa tierra adentro y en las montañas sobre  los 500 mm anuales. Posee una temperatura que oscila entre los 23 y 26 grados centígrados. Debemos indicar que durante los meses de Mayo a Agosto son constantes las lloviznas producidas por la bruma costera, que tienen una incidencia importante en la composición florística de la Península.

FORMACIONES VEGETALES
El Sur Occidente del Ecuador forma parte del Centro de Endemismo Tumbesino, una región que es parte del Bosque Seco Tropical caracterizada como Zona de gran Biodiversidad, donde crecen plantas que son únicas en el mundo. Estudios fitogeográficos y ecológicos  realizados por Valverde y Reyes (2004)  en combinación con criterios climáticos de otros académicos como Harling (1979), Cañadas (1983), Sierra (199),  les permitió dividir esta gran área en cinco Formaciones vegetales.



Matorral Litoral de Tierras Bajas. Se encuentra ubicada cerca a la playa e inmediatamente al mar, la precipitación es menor a 250 mm anuales y la temperatura en el mes más lluvioso es de 23 a 25 grados centígrados. Dentro de esta formación vegetal se halla la parte más occidental del valle de Chanduy como las comunas de Pechiche, Manantial de Chanduy, Tugaduaja y Engunga. Entre la vegetación característica debemos mencionar el algarrobo, (Prosopis palida y Prosopis juliflora), perlillo o monte verde (Vallesia glabra), “arrayán” (Maytenus octogona), muyuyo (Cordia lutea), barbasco (Jacquinia sprucei), “,matachivato” (Ipomoea pescaprae), Heliotropium curassavicum, entre las más importantes.
Matorral Seco de Tierras Bajas. Se halla cerca al mar en altitudes entre los 50 y 100 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.) con una pluviosidad menor a los 500 mm anuales. Está compuesta por vegetación achaparrada, espinosa con la presencia de cactus columnar (Armatocereus cartwrightianus). El rasgo físico más notable es el cerro de Chanduy a cuyos pies se halla la llanura costera ondulada y valles cortados por los ríos Verde y Zapotal.
Espinar Seco de Tierras Bajas. Se encuentra igualmente cerca al mar. Se caracteriza por una vegetación mayormente espinosa mezclada con plantas del Monte Seco de Tierras Bajas. Esta formación se halla en la parte Norte de la Península en varias comunas de la parroquia Colonche como San Marcos, Manantial de Guangala  y Cerezal de Bellavista.
Bosque Deciduo de Tierras Bajas. Conocido también como Bosque Deciduo de Tierras Bajas o Bosque Seco Tropical, se localiza en la parte interior de la Península, bajo los 300 m.s.n.m. y posee una pluviosidad anual de 800 a 1200 mm. La vegetación está compuesta por  árboles que pierden sus hojas durante la estación seca y vegetación herbácea (anual y perenne) como árboles de la familia Bombacacaceae, Bignoniaceae, Boraginaceae y otros.
Herbazal Lacustre de Tierras Bajas. Se trata de una micro formación vegetal que se desarrolla en el interior de albarradas y lagunas. Está compuesto por algunas plantas que viven en medios acuáticos como Pistia stratiotes, Eichornia crassipes, Ninphaea amplia y varias especies de la familia Cyperaceae (Thalia geniculara y Cyperus odoratus). Estas especies son importantes ya que oxigenan el agua, evitan la evaporación y sus raíces son alimentos de peces y camarones.

EL VALLE DE CHANDUY
El sitio arqueológico Real Alto se encuentra en la comuna de Pechiche, en el valle de Chanduy, Península de Santa Elena. El valle de Chanduy comprende una micro región que se halla en la llanura costera exterior en un área comprendida entre los ríos Verde, Zapotal  y  el río Real, teniendo como límites naturales   los cerros de Chanduy y el Océano Pacífico.


Topográficamente esta micro región está caracterizada por llanuras planas con algunas ondulaciones, cuyos estratos superiores corresponden a  areniscas y depósitos de la formación Tablazo, formando durante el Cuaternario hace unos 2,5 millones de años. Estas llanuras son atravesadas principalmente por los ríos Verde y Zapotal, que nacen en las estribaciones de la cordillera Chongón-Colonche, se unen cerca a la parroquia de Chanduy y desembocan en el mar formando un pequeño estuario. Otros riachuelos de menor grado e  intermitentes son el Real, Hondo y San Rafael que también desembocan en el mar. Estos riachuelos nacen en los depósitos de tablazo y no en las estribaciones de la cordillera Chongón-Colonche, por lo tanto sus cuencas son mucho más pequeñas que las formadas por los ríos Verde y Zapotal y no corren durante la estación lluviosa, como sí lo hacen estos dos últimos ríos.
El valle de Chanduy cuenta con algunas vertientes naturales de agua dulce subterránea almacenada en los depósitos de Tablazo, estos depósitos son alimentados por el agua de los indicados ríos y por construcciones prehispánicas llamadas albarradas o jagüeyes (humedales lenticos artificiales), cuyo fin era captar el agua de escorrentía durante la estación lluviosa y recargar el acuífero.
Estos importantes recursos de agua (la de los ríos Verde y Zapotal y el agua subterránea fueron factores importantes para el establecimientos de poblaciones desde el 4200 AC (arqueológicamente afiliadas a la Cultura Valdivia) hasta la actualidad.

ALBARRADAS O JAGUEYES
Los habitantes precolombinos desarrollaron algunas obras de ingeniería agrícola, entre ellas las conocidas albarradas, reservorios de agua en donde se almacenaba el agua lluvia en invierno y alimentaba el subsuelo (napa freática) de la Península de Santa Elena, para utilizarlas durante temporadas del verano seco del sector.


Son humedales lenticos artificiales que poseen muros de tierra bien definidos, en general tienen forma de herradura que sirve para captar el agua, pero también hay de  de forma circular, semicircular o circular alargada. 
Generalmente se llenan de agua por las  escorrentías que se forman durante la estación lluviosa y de pequeños riachuelos llamados localmente “chorrillos” o “manguitas”. El agua puede permanecer en superficie hasta los meses de septiembre u octubre (dependiendo de la cantidad de lluvias caídas durante la estación lluviosa), luego de lo cual el agua es extraída construyendo pozos de 1 a 5 metros de profundidad.
A través de este sistema maximizaban, por una parte,  el agua de lluvia evitando que se desperdicie en el mar y, por otra, les permitía recargar el acuífero  cuya agua era después aprovechada haciendo pozos. Las albarradas o jagüeyes deben ser vistos como construcciones de ingeniería prehispánica y constituyen una respuesta tecnológica apropiada a ambientes semidesérticos como el de la Península y donde  el elemento  agua fue vital para sobrevivencia de las poblaciones pasadas y presentes asentadas en este territorio.
Se ha podido determinar unas 252 albarradas en la Península de Santa Elena de un total de 369 estructuras hidráulicas (entre tapes, ciénagas naturales y represas) (Marcos y Tobar, 2004).


De éstas unas 36 albarradas han sido inventariadas en el valle de Chanduy entre las comunas de Río Verde, San Rafael (Gaguelsan), Pechiche, El Real, Manantial de Chanduy, Engunga, Tugaduaja y la parroquia Chanduy.
Como indicamos las albarradas son construcciones prehispánicas que por información arqueológica conocemos que su construcción se inició en el Formativo Temprano y Medio (Culturas Valdivia y Machalilla, respectivamente), se incrementaron durante el Formativo Tardío (cultura Chorrera), hasta alcanzar su mayor número y expansión durante las culturas del Desarrollo Regional (500 AC -500 DC) e Integración (500 DC hasta el contacto español). Actualmente las albarradas son considerados nichos ecológicos con alta biodiversidad y es patrimonio cultural de la población peninsular, pues en ellas y sus alrededores crecen 31 especies endémicas del Bosque Tumbesino (Valverde y Reyes, 2004).
Debemos finalmente  indicar que si bien en la actualidad algunas albarradas se encuentran en funcionamiento  en algunas comunidades del Valle de Chanduy,  por ejemplo  la albarrada San Javier en Tugaduaja y las Tareas en Chanduy, la mayoría de ellas han sido abandonadas debido a cambios en las actividades económicas en que han estado sometidas las comunidades en las últimas décadas, por lo que se hace necesario emprender un plan piloto de recuperación e inserción social en programas de reforestación con plantas nativas y agro-pastoriles (plantaciones agrícolas con árboles frutales).  Las albarradas así recuperadas pueden convertirse en un atractivo turístico más, coadyuvando a mejorar el nivel de vida de las comunidades cercanas.


LA SUBSISTENCIA VEGETAL VALDIVIA Y LA EVIDENCIA ARQUEOBOTÁNICA
Estudios arqueológicos y antropológicos han revelado que la Península de Santa Elena se asentó una de las aldeas agro-alfareras con centro ceremonial más antigua del continente americano, representado por la sociedad Valdivia, por lo que este sector es clave para entender problemas sustantivos de la arqueología moderna como la evolución agrícola, la complejización social y el impacto humano al medioambiente. Parte de este desarrollo ha sido bien documentado en el yacimiento arqueológico Real Alto (comuna Pechiche, en el valle de Chanduy) y plasmado en la exhibición museográfica del museo de Sitio “El Mogote”. Real Alto   constituye el sitio Formativo más extensivamente estudiado del Ecuador y donde se encuentran siete de las ocho fases culturales definidas de la cultura Valdivia,  que cronológicamente  corresponde entre  4400 a 1800 antes de Cristo.
La subsistencia de la cultura Valdivia fue originalmente examinada por Pearsall (1979) y complementados por trabajos posteriores  como los de Piperno y Pearsall (1998), Veintimilla (1999 y 2004) Pearsall (2004). A través de ellos conocemos que los antiguos valdivianos lograron domesticar algunos cultivos y emplearon una serie de recursos vegetales usados con  fines  alimenticios, medicinales, como combustible y para hacer sus casas y herramientas. Aprovecharon y explotaron además  algunos recursos terrestres y marítimos como el manglar y el mar.
La identificación de estas especies de plantas fue realizada usando las técnicas arqueo botánicas. La arqueo botánica estudia los restos botánicos extraídos de los contextos arqueológicos y de sedimentos geológicos, e incluye su recuperación  usando la flotación en agua y química, el análisis de las muestras y la identificación usando colecciones botánicas modernas.  Los análisis arqueo botánicos (llamados también paleo-etnobotánicas) son importantes en la arqueología moderna porque nos permite conocer los recursos vegetales usados por las poblaciones antiguas, investigar el origen de la agricultura y su desarrollo, la evolución de los cultivos y permite ilustrar el impacto humano causado al ambiente.
Por criterios metodológicos,  los vestigios botánicos arqueológicos han sido clasificados en “macrofósiles” o “macro restos botánicos” que son aquellos que pueden ser vistos a simple vista o usando lupas binoculares (madera, semillas y frutos en general) y microfósiles (básicamente fitolitos, polen y almidones). Los primeros generalmente deben de haber sido carbonizados para poderse preservar ya que las condiciones de humedad, los regímenes alternos de lluvia, característicos de la costa del Ecuador, hacen que los microorganismos los destruyan. Los restos botánicos carbonizados son comunes en los contextos arqueológicos y también sirven para fecharlos a través del análisis de radio-carbono.



Particularmente importantes en la identificación de plantas en el Ecuador son los análisis de fitolitos  ya que debido a su origen y formación  se  preservan en ambientes húmedos.  Los fitolitos son cuerpos microscópicos de sílice compuesto de dióxido de silicio y agua (elementos muy comunes en la naturaleza), son por lo tanto minerales microscópicos y no están expuestos a su descomposición como los restos orgánicos. Los fitolitos son captados del suelo cuando el sílex se mezcla con el agua, esta solución es absorbida por las raíces y distribuida entre los diferentes órganos de la planta (especialmente las hojas) donde se precipita intra y extracelularmente, tomando formas definibles. Cuando las plantas mueren o son quemadas, los fitolitos se liberan y regresan al suelo conservando sus formas originales.
A través de la evidencia de macrofósiles botánicos,  de los fitolitos y de almidones se ha podido conocer algunas plantas alimenticias, industriales o madereras usadas por la sociedad Valdivia,  entre las que se destacan las siguientes:
Alimenticias: Maíz (Zea mays), Achira o platanillo (Cana edulis), yuca (Manihot esculenta), bijao (Calathea allouia), zapallo (Cucurbita sp.), fréjol canavalia (Canavalia plagiosperma). Frutos como la Chirimoya (Annona sp.), de palmas y de de zapotes.




Industriales: algodón (Gossypium barbadense), mate de árbol (Crescentia cujete), barbasco (Jacquinia sprucei).
Arboles maderables y combustible: Algarrobo (Prosopis juliflora), muyuyo (Cordia lutea), tierra espino o porotillo (Pithecellobium dulce.), guasango (Loxopterygium huasango), guayacán (Tabebuia chrysantha), Zapote de burro (Capparis sp.), y Maytenus octogona.

EL ARBORETUM DEL COMPLEJO CULTURAL REAL ALTO (C.C.R.A.) 
Durante el año 1996, la AGAAL emprendió un plan de reforestación con plantas nativas y endémicas de la Península y de cultivos tradicionales identificados a través de la evidencia arqueobotánica y de estudios florísticos de la Península.  El objetivo general fue dar a conocer las plantas usadas por la sociedad Valdivia que ocupó el sitio y complementar así la información museográfica,  recuperar  las plantas endémicas y nativas de la Península de Santa Elena y contribuir a la regeneración  de plantas que como el guasango, guayacán y el bálsamo (Balsamun sp.) están amenazadas por la sobreexplotación. Para darle al Complejo un aspecto paisajista y agradable al visitante, también se incluyeron plantas ornamentales como crotón, palmas, geranios, chabelas, árboles frutales, etc.
Actualmente el CCRA cuenta con cerca del 60% de los árboles  que habitan  en el Bosque seco Tropical (Valverde y Reyes, 2004), sembrados a través de ramas y semillas conseguidos en la Península entre los que caven destacar: huasango, algarrobo, porotillo o tierra espino, bálsamos (Balsamun sp.), seca (Geoffroea spinosa), ceibos (Ceiba trichistandra), cascol (Caesalpinia glabrata), guayacán, laurel (Cordia alliodora), muyuyo (Cordia lutea), pechiche (Vitex gigantea), ébano (Ziziphus tirciflora), barbasco (Jacquinia sprucei), varias especies de negrito (Coccoloba sp.) y de zapote de burro (Capparis sp.), jaboncillo (Sapindus sp.) ciruela (Spondias mombin), perlillo (Valesia glabra), cereza (Malpighia glabra), palo santo (Bursera graveolens).
Entre las plantas cultivadas tenemos: varias clases de ají, el platanillo o achira, algodón blanco y chiao (que tienen hebras de color marrón y plomo), tomates, zapallos. También hemos incorporado plantas usadas en la etnomedicina peninsular (algunas nativas e introducidas) como: sentel, paico, toronjil, yerba buena, orégano, flor de viento, flor de muerto, sábila, albahaca, menta,  yerbaluisa, entre otras.


Parte del área reforestada


BIBLIOGRAFIA
Álvarez, Silvia
2005        Coautora y editora, Comunas y Comunidades con Sistemas de Albarradas. Descripciones Etnográficas, Vol. I, Serie Cultura Comunal, Agua y Biodiversidad en la Costa del Ecuador, ESPOL-ABYA-YALA, Quito, 528pags.

Alvarez, Silvia, Bazurco, M., Bazurco, Burmester, M, González Andricain, C.
2004        Cáp.5 Sociocultural, en: Las Albarradas en la Costa del Ecuador, Marcos, Jorge G. (Coordinador),  CEAA-ESPOL, Guayaquil, Ecuador, pp. 253-370

Marcos, Jorge G. (Coordinador)
2004        Las Albarradas en la Costa del Ecuador. Rescate del conocimiento ancestral del manejo sostenible de la biodiversidad, CEAA-ESPOL, Guayaquil, Ecuador, 370 págs.

Valverde, Flor de María
2004        Capitulo 3 Situación de la Biodiversidad en las Albarradas y Sectores Colindantes de la Planicie Costera de las Provincias de Guayas y Manabí, en: Las Albarradas en la Costa del Ecuador, Marcos, J. (Coordinador), pp.127-192

Veintimilla, Cesar
2004        Capitulo 4 Paleoetnobotanica, en: Las Albarradas en la Costa del Ecuador, Marcos, J. (Coordinador) , pp.193-252.